El equipo brasileño no cumple con el aforo de 30.000 personas requerido por Conmebol en su estadio y evalúa recurrir a la Justicia si no le ceden el histórico recinto carioca.
La revancha de semifinales de la Copa Sudamericana entre Vasco da Gama y Boca Juniors presenta un conflicto organizativo en torno a su sede. El club de Río de Janeiro no podrá disputar el encuentro en el estadio São Januário debido a que cuenta con capacidad para 20.419 espectadores, cifra inferior al límite mínimo de 30.000 exigido por el reglamento de la Conmebol para esta fase.
Ante este escenario, la conducción de Vasco da Gama tiene como prioridad trasladar la localía al estadio Maracaná para la semana del 20 de octubre. Si Flamengo y Fluminense —entidades que comparten el uso de la cancha— rechazan ceder las instalaciones, los dirigentes del conjunto carioca estudian recurrir a la Justicia para exigir la habilitación del escenario.
Un factor que complejiza las gestiones es el calendario deportivo. En caso de que Flamengo clasifique a las semifinales de la Copa Libertadores, disputará la vuelta de su llave durante esa misma semana, lo que dificultaría la cesión del Maracaná.
Frente a esa traba, la institución de Río de Janeiro considera como alternativa el estadio Nilton Santos, propiedad de Botafogo, que no posee inconvenientes de fechas tras la eliminación de ese equipo en la instancia de octavos de final. De forma simultánea, la dirigencia sopesa la opción de montar estructuras de tribunas tubulares en São Januário con el objetivo de alcanzar la capacidad exigida.
El compromiso marcará el regreso del equipo xeneize a la ciudad de Río de Janeiro en una etapa decisiva de un torneo internacional, tras su participación en la final continental de noviembre de 2023.
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